lunes, 2 de febrero de 2009

CARTA A EL COMERCIO

Lima, 3 de febrero del 2008

Sr. Director del Diario El Comercio:

Usted heredó un periódico –el que González Prada llamó carreta de basura, qué exceso de anarquista, qué lisura por Dios– y una gran fortuna, que empezó a extenderse desde 1984, con la inauguración de la nueva planta, y que creció considerablemente con vuestras talentosas movidas financieras resurfeando sobre el dólar MUC del doctor Alan García. Yo heredé sólo un apellido que he mantenido, con el pesar de algunos de los que trabajan para usted, limpio. Y tenga por seguro que haré todo lo que esté a mi alcance para que ninguna campaña trate de ensuciarlo. Yo tengo un honor que defender. Y lo defenderé en todos los terrenos.

A pesar de su poder, usted, señor Miró Quesada, no ha podido jamás figurar en ninguna encuesta de credibilidad. Ni como directivo de El Comercio ni a título individual. Y es que usted es uno de los mayores responsables del descrédito de la prensa escrita, descrédito certificado por todas las encuestas recientes. ¿Y por qué? Porque usted embarra a quien le molesta, embiste a quien “lo desacata” –el caso de la Fiscal de la Nación es clamoroso– y puede defender lo indefendible si está en la esfera de sus intereses. Y usted está convencido de que todos nos morimos de miedo ante El Comercio. Yo muchas veces muero –es cierto– ante El Comercio. Pero muero de risa, señor director. Me dan risa los aires que se dan los Miró Quesada. Y me da mucha risa cuando usted editorializa sobre “la más noble de las profesiones”.

Me he ganado, a solas y a pulso, un cierto reconocimiento público. Como comprenderá, ese reconocimiento nada tiene que ver con mi inexistente simpatía o con mi ausente carisma. Tiene que ver con mi terquedad y con mi incomprabilidad.

Ayer, uno de sus esbirros ha tratado de vincularme, de nuevo, con el caso Zevallos. Por toda prueba, dice que en 1997 yo entrevisté a un testigo que primero acusó a Zevallos y luego se desdijo. Y cita unas palabras mías pronunciadas hace once años en torno al interés de Chile de tumbarse a “Aerocontinente”.

Lo que no dice su periódico es que en 1997 “Aerocontinente” era una empresa tan seria y formal que El Comercio firmaba todos los años contratos publicitarios con ella. Lo que no dice su periódico es que en 1997 Fernando Zevallos era un empresario al que “La revista dominical” –el programa que se emitía en el canal de los Crousillat y se compaginaba muchas veces en el SIN– había acusado, sin pruebas, de estar vinculado con el narcotráfico. Y lo que no dice su periódico es que en 1997 Zevallos era, por la existencia de “Aerocontinente”, una incomodidad real para los capitales chilenos que aspiraban a dominar –como lo lograron– nuestras rutas aéreas. Esos capitales chilenos que su diario, señor director, siempre ha representado tan bien, ayer con su fundador de esa nacionalidad “tan próxima” y hoy con don Emilio Rodríguez Larraín, tan allegado a usted y a su periódico y tan condecorado por la embajada de Chile.

Claro que propalé esa entrevista. ¿Qué quería? ¿Que le creyera a pie juntillas a Nicolás Lúcar? ¿Que tomara la versión policial, corregida en el SIN, del fujimorismo putrefacto? Y propalé otras entrevistas porque eran noticia. Y entrevisté a Polaco cuando sólo era un sospechoso y no un autoinculpado. Y si se hubiese autoinculpado en mi programa, me habría sentido muy bien. Es que, señor Miró Quesada, mi fuerte es el periodismo. Yo no escribo tetudeces bajo el título altivo de “Buenos días”. Eso se lo dejo a usted.

Me importa un rábano qué ha hecho Pepe Mejía con su vida. Tampoco soy un juez apócrifo, como usted, para condenarlo sin apelación. Hace años que no lo veo ni converso con él. Y jamás he recibido dinero o bienes de nadie para emitir una opinión o conceder una entrevista. Esa calumnia ya la intentó antes El Comercio, sin éxito pero con malignidad.

Pero lo que más calla El Comercio en relación a 1997, señor director, es lo que pasaba dentro de su periódico y lo que pasaba entre su periódico y el poder judicial fujimorista.

Y vaya que pasaban cosas. Estaba en pleno desarrollo la guerra civil que desembocaría, el 2 de septiembre de 1998, en la denuncia que hiciera contra El Comercio el ex gerente general de ese periódico, don Luis García Miró Elguera.

Y la denuncia consistió en revelar ante el poder judicial que, durante más de una decena de años, El Comercio tuvo cuentas secretas en el extranjero, cuentas que manejaban unos pocos del directorio, entre ellos su papá, lamentablemente, señor director.

Según lo expresado por Luis García Miró Elguera, en esas cuentas se movieron millones de dólares no declarados y a través de ellas se favoreció a algunos Miró Quesada, se dejó de declarar utilidades y, por consiguiente, se evadió impuestos olímpicamente.

¡Fíjese usted, señor director! ¡Qué notición el que se perdieron sus lectores!

Dichas cuentas fueron:

–La cuenta 019-233434 del Chemical Bank

–La cuenta 4031498 del Royal Bank of Canada

–La cuenta 6382769081 del Barnett Bank

Y la cuenta 4280653877, la denominada “cuenta Marco Polo”, también del Barnett Bank.

Sostiene el ex gerente general de El Comercio que hizo denuncia de la existencia de esas cuentas ante una sesión del directorio en el año de 1993. Cuando estalló el escándalo, ¿qué hizo El Comercio?

Según García Miró, sólo devolvió lo que había en ese momento (1993) en las cuentas secretas, es decir, la suma de 813,032 dólares. El Comercio habló, en su alegato, de que había “repatriado” el dinero –con lo que admitió la existencia de las cuentas–, pero García Miró ha sostenido ante los jueces que ahora ven el caso civil que no hubo tal “repatriación” porque no se cumplió a cabalidad con la ley 26001, dada por Fujimori en 1991, y porque esos ochocientos mil y pico de dólares no llegaron a una cuenta institucional sino a una que tenía como titulares sólo a tres personas: José Graña Miró Quesada, Luis Miró Quesada Valega y Luis García Miró Elguera. ¿Qué cuenta era esa? La 0555812 del Banco Wiese. Esa cuenta había sido usada antes para recabar dinero negro de los proveedores del extranjero, el mismo que se repartía entre seis de los setenta accionistas de El Comercio.

García Miró fue más allá. Alegó con cientos de documentos ante el juez que El Comercio tampoco dijo nada de cuánto dinero se había movido durante la larga existencia de esas cuentas “reservadas”, cuya creación –según propia admisión de El Comercio– databa de 1982.

Los 813 mil dólares descubiertos por García Miró se convertirían en 1994 en “una declaración jurada rectificatoria” formulada por los contadores del diario El Comercio. Pero, como sostuvo García Miró, con eso sólo se “maquillaba” el ejercicio de 1993. ¿Y los que van del año 1982 a 1993? ¿Qué pasó con ellos, señores de Price Waterhouse, auditores calificados que nunca fueron enterados de esos dineros más que tiznados?

Más todavía. Según el ex gerente general de El Comercio, la cuenta 0555812 del Banco Wiese se siguió usando, como si nada hubiera pasado, hasta el año 1998. ¿Y para qué, entre otras cosas? ¡Para comprar, con dinero girado desde esa cuenta irregular, las acciones laborales de los trabajadores de El Comercio, operación que se hizo a través de “Argos”, empresa próxima a Luis Miró Quesada Valega, quien se hizo girar un cheque de 500,000 dólares para ese propósito.

En plena batalla campal intestina, El Comercio llamó a un testigo de descargo. Se trató del ejecutivo del Wiese Héctor Grisolle Aguirre, quien declaró que El Comercio “había realizado, en efecto, una repatriación de capital”. Eso probó, para García Miró, la íntima ligazón de El Comercio y el Banco Wiese, el banco de Montesinos, y eso explica por qué, a la hora de informar, su periódico, señor Miró Quesada, siempre tuvo una opinión sesgada en torno al carísimo salvataje de esa entidad financiera. Entidad que, como usted recuerda, gerenció don Víctor Miró Quesada, para más señas. Ese es el problema de tener tanta plata y no separar la bóveda de la redacción.

El problema de El Comercio, además, es que cree, señor director, que ha vuelto la época en que era parte de las turbas disciplinarias del civilismo. No, señor director. Esa etapa murió. Y ustedes, por más que acumulen, no son un poder de la República. Son un diario que tendría muchas explicaciones que dar a sus lectores. Son sólo un periódico plagado de dineros que cuidar y dineros que convocar. Vuestra independencia limita al norte con vuestra chequera y al sur con un cierto y viejo olor a salitre.

Podrían empezar por responder preguntas como esta: ¿Por qué, señor director, El Comercio siguió firmando contratos publicitarios hasta el año 2005, con la empresa de “Lunarejo”, “Polaco” y, según ustedes, Pepe Mejía? ¿No dice usted que su diario supo de las andanzas sucias de los Zevallos desde 1995? ¿Diez años después, en el 2005, seguían sus periodistas volando en canje por “Aerocontinente”? ¿No le da vergüenza eso, señor director, con todo respeto?

Y, además, no lo entiendo, señor director. Usted llama narcotraficantes a los Sánchez Paredes –así lo señala en un valiente editorial, revíselo, es de hace poco– y en seguida acepta una catarata de avisos a página de los Sánchez Paredes. ¿No sabe, señor director, que puede estar usted ayudando a lavar dinero? ¿No hay cómo resistirse al avisaje?

Tampoco entiendo cómo es que publicaron que la fiscal Julia Eguía Dávalos recibía dineros mensuales de Montesinos (Pinchi Pinchi dixit) pero no le dijeron a sus lectores, en esa misma nota, que fue precisamente Julia Eguía Dávalos la fiscal que, en las postrimerías del fujimorismo y cuando ustedes estaban cogidos del cogote, declaró prescritos “los delitos cometidos en el diario El Comercio”. Prescritos, señor director. Yo tengo esa resolución. Como tengo tres mil páginas de documentos sobre su diario. Lo que pasa es que no puedo estar aburriendo a mis lectores –bueno, no sólo se lee El Comercio, ¿sabe?–.

Pero, en fin, de las relaciones de El Comercio con el fujimorismo hablaremos más adelante, con su permiso, claro está.

Muchos saludos al colega Fernando Ampuero, investigador en jefe de su periódico, señor director. Se despide con la humildad de siempre, César Hildebrandt

LOS TRES CONSEJOS

3 CONSEJOS PARA VIVIR
Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un pueblito del interior. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa:'Querida yo voy a salir de la casa, voy a viajar bien lejos, buscar un empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida mas cómoda y digna. No sé cuánto tiempo voy a estar lejos, solo te pido una cosa, que me esperes y mientras yo esté lejos, seas fiel a mí, pues yo te seré fiel a ti.'Así, siendo joven aun. Camino muchos días a pie, hasta encontrar un hacendado que estaba necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda.El joven llego y se ofreció para trabajar y fue aceptado.Pidió hacer un trato con su jefe, el cual fu e aceptado también.El pacto fue el siguiente:'Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando yo encuentre quedebo irme, el señor me libera de mis obligaciones: Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorro hastael día en que me vaya.El día que yo salga. Usted me dará el dinero que yo haya ganado.'Estando ambos de acuerdo. Aquel joven trabajo durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso. Después de veinte años se acerco a su patrón y le dijo:'Patrón, yo quiero mi dinero, pues quiero regresar a mi casa.'El patrón le respondió: 'Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, solo que antes quiero hacerte una opuesta, está bien?Yo te doy tu dinero y tú te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa.Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta.'El pensó durante dos días, busco al patrón y le dijo: 'QUIERO LOS TRES CONSEJOS'El patrón le recordó: 'Si te doy los consejos, no te doy el dinero.'Y el empleado respondió: 'Quiero los consejos'EL patrón entonces le aconsejo:1 'NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. Caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.2. NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL, pues la curiosidadpor el mal puede ser fatal.3. NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, puespuedes arrepentirte demasiado tarde.Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven, así:'AQUÍ TIENES TRES PANES, dos para comer durante el viaje y el tercero es para comer con tu esposa cuando llegues a tu casa.'El hombre entonces, siguió su camino de vuelta, de veinte años lejos de su casa y de su esposa que el tanto amaba.Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludo y le pregunto:'Para dónde vas?'Él le respondió: 'Voy para un camino muy distante que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera.'La persona le dijo entonces: 'Joven, este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegaras en pocos días'.El joven contento, comenzó a caminar por el atajo, cuando se acordó del primer consejo, 'NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. CAMINOS MAS CORTOS Y DESCONOCIDOS TE PUEDEN COSTAR LA VIDA'Entonces se alejó de aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal.Dos días después se enteró de otro viajero que había tomado el atajo, y lo asaltaron, lo golpearon, y le robaron toda su ropa. Ese atajo llevaba a una emboscada!Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera. Era muy tarde en la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer mal encarada le abrió la puerta y lo atendió.Como estaba tan cansado, tan solo le pagó la tarifa del día sin preguntar nada, y después de tomar un baño se acostó a dormir. De madrugada se levantó asustado al escuchar un grito aterrador.Se puso de pié de un salto y se dirigió hasta la puerta para ir hacia donde escuchó el grito. Cuando estaba abriendo la puerta, se acordó del segundo consejo. 'NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL PUES LA CURIOSIDAD POR EL MAL PUEDE SER FATAL'Regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le pregunto si no había escuchado un grito y él le contesto que si lo había escuchado. El dueño de la posada de pregunto: Y no sintió curiosidad? Él le contesto que no. A lo que el dueño les respondió: Ustedha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer maleante con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando elhuésped sale a enterarse de qué está pasando, lo mata, lo entierra en el quintal, y luego se esfuma.El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa.Después de muchos días y noches de caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa, camino y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo, pero alcanzo a ver que ella no estaba sola. Anduvo un poco más y vio que ella tenía en sus piernas, un hombre al que estaba acariciando los cabellos.Cuando vio aquella escena, su corazón se lleno de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad.Respiro profundo, apresuro sus pasos, cuando recordó el tercer consejo.'NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, PUES PUEDES ARREPENTIRTE DEMASIADO TARDE'Entonces se paro y reflexiono, decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión. Al amanecer ya con la cabeza fría, el dijo: 'NO VOY A MATAR A MI ESPOSA'. Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta. Solo que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel a ella.'Se dirigió a la puerta de la casa y toco. Cuando la esposa le abre la puerta y lo reconoce, se cuelga de su cuello y lo abraza afectuosamente.El trata de quitársela de arriba, pero no lo consigue.Entonces con lágrimas en los ojos le dice:'Yo te fui fiel y tú me traicionaste...Ella espantada le responde: '¿Cómo? yo nunca te traicione, te espere durante veinte años. El entonces le pregunto: '¿Y quién era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?Y ella le contesto: 'AQUEL HOMBRE ES NUESTRO HIJO. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. Hoy el tiene veinte años de edad.Entonces el marido entro, conoció, abrazo a su hijo y les contó toda su historia, en cuanto su esposa preparaba la cena. Se sentaron a comer el último pan junto. DESPUÉS DE LA ORACIÓN DE AGRADECIMIENTO, CON LÁGRIMAS DE EMOCIÓN, el partió el pan y al abrirlo, se encontró todo su dinero, elpago de sus veinte años de dedicación.